viernes, 7 de febrero de 2014

¿QUIÉN LLEGA PRIMERO?

“Aquel lugar es soñado y cuando cuentan cómo es, suena como música a los oídos. Nadie cree que existe pero a su vez, todos quieren ir. Es llamado “el cielo de los animales”. Lamentablemente queda demasiado lejos para la gran mayoría. Hay  que atravesar toda una extensa meseta, luego cruzar las montañas, después de ellas le sigue un valle medio desértico y rocoso. Si seguís avanzando, empiezas a ver cómo la vegetación se  hace mas tupida hasta que llegas al gran lago paradisíaco. Un lugar lleno de flores, árboles, animales. El césped es suave y el agua es cristalina y tranquila. Nunca hace demasiado frío ni  demasiado calor. Hay alimento para todos y no existe el gran depredador.”
-¿Tú crees que sea cierto? –le preguntó el colibrí  al pato- ¿un lugar lleno de flores en donde pueda vivir como en mis sueños?
Se lo veía escéptico, no le creía  mucho a aquella golondrina. Si todo eso era cierto, ¿qué hacía ella aquí? No es el “paraíso”. Es una llanura aburrida, casi sin árboles y con algún que otro charco de agua por ahí. Con mucha suerte encuentras una laguna. Y flores…bueno, cuesta mucho conseguir buenas flores. Pero el pato no le prestó atención al colibrí.
-Yo creo que es cierto, y si nadie saliese a contar de ese lugar no tendríamos la oportunidad de saber de él y de ir a conocerlo- argumentó el pato.
Todos en la pequeña laguna estaban conmocionados. Algunos no le creían, acusaban a la golondrina de mentirosa, otros decían que no necesitaban de ese lugar ya que con su laguna estaban conformes. Pero el Pato soñaba con salir de ese charco lleno de barro y frío. Tímidamente le preguntó a la golondrina qué dirección tenía que tomar para llegar hacia aquél lugar. Ella le señaló hacia el noreste. Pero todavía no se animaba a emprender el viaje, por lo cual le agradeció por el dato y se volvió a su nido. Al día siguiente todos vieron a la golondrina irse. Muchos se sintieron alegres de que esa alborotadora se haya ido, otros se quedaron con las ganas de seguir escuchando más historias de aquél lugar, a otros ni siquiera les importó.
El frío empezó a azotar aquella región. El colibrí ya pensaba en marcharse hacia un lugar más cálido cuando vio pasar al pato. Como se habían hecho amigos, decidió saludarlo para despedirse. Pero lo que menos se imagino es aquel le iba a pedir que lo acompañase al lugar que la golondrina les había contado.
-Tú eres muy lento para mí  -respondió el colibrí queriendo esquivar la propuesta – llegarías un mes más tarde. No podemos volar a la par.
-No somos lentos –dijo el pato serenamente- y no voy yo solo, somos cinco en total y volamos muy rápido. Por supuesto que tú eres más veloz, pero mientras esperas a que te alcancemos, puedes descansar o volar tranquilamente al lado nuestro.
-No, gracias, mejor me marcho solo aunque dudo mucho de que exista ese lugar. Para ustedes, pronto se darán cuenta de que es inútil el viaje. Es muy largo y tardarán mucho tiempo en llegar, si es que llegan.
-Eso lo veremos –respondió el pato ofendido por el último comentario del colibrí.
Aquella tarde, un grupo de cinco patos remontaban vuelo sobre la laguna hacia el noreste mientras que un diminuto pajarito los pasaba a toda velocidad hacia la misma dirección. Durante varios días estuvieron volando, descansaban cada tanto en algún espejo de agua. Nadie había vuelto a ver al colibrí. “Seguro que ya llegó” pensaban todos, pero no se desanimaban. Cuando uno se cansaba, se movía hacia el final de la formación para descansar y así sucesivamente. Luego de tres días llegaron a las montañas. Fue muy difícil para los patos pasarlas. Hacía mucho frío y algunas eran muy altas y tuvieron que rodearlas. Casi muertos de frío llegaron al otro lado. Tal como lo había contado la golondrina, un valle medio desértico se extendía frente a ellos. Pero no se desanimaron, siguieron volando. Luego de cinco días de vuelo, vieron un pequeño espejo de agua, desesperados se lanzaron en picada hacia él. Luego de haberse refrescado, el pato vio algo raro tirado debajo de unos arbustos, ¡era el colibrí!
-¿Qué te pasó amigo mío? –le preguntó muy preocupado.
-Venía volando a la velocidad de un rayo atravesando la meseta y luego las montañas cuando me di cuenta de que necesitaba del preciado néctar de las flores. En realidad lo necesité mucho antes, pero en mi afán de llegar primero hice todo a un lado y continué volando. Ahora aquí estoy, agonizando con las últimas fuerzas que me quedan.
El pato, entristecido por la situación de su amigo corrió a buscar flores para que se recuperase. Al ver esto los demás le acompañaron y a los pocos minutos juntaron lo suficiente para que el colibrí se recupere. Con paciencia, le fue dando de a una. Milagrosamente le había salvado la vida, pero todavía seguía débil. Al ver que no podía volar mucho lo cargó sobre su espalda y continuó el viaje con los otros cuatro compañeros.
El arrogante  colibrí apenas lo podía creer. Aquel animal a cual había subestimado por su supuesta lentitud, lo estaba llevando a él hacia el supuesto paraíso. Todo lo que la golondrina había dicho era verdad. Luego de seis días de vuelo, vieron los árboles, el césped y el gran lago de aguas tranquilas y cristalinas. Luego de dejar a su amigo en un arbusto lleno de flores para que se siga recuperando, se lanzó loco de alegría al agua.
Una semana más tarde, el colibrí volvió a volar enérgicamente entre las flores y a estar con su amigo que le había salvado la vida. Mientras estaban juntos recordando aquellos momentos, vieron pasar volando a la golondrina. La llamaron y los tres se pusieron a charlar sobre lo maravilloso que era aquel lugar hasta que el sol se puso y las luciérnagas ocuparon su lugar danzando alrededor de la luna y las estrellas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario