domingo, 27 de abril de 2014

LA LEYENDA DE FORMIGAL.

Según cuenta la leyenda, en la montaña de Formigal habitaron las formigas / hormigas blancas que protegieron a la diosa Culibillas. Balaitús acabó con muchas de ellas, haciendo aparecer así la nieve en Formigal. 

Cubilillas era hija de Anayet y de Arafita. En aquellas elevadas cimas, donde apenas son capaces de sobrevivir algunos animales, habitaban unos insectos milenarios, las hormigas blancas, que habían elegido para vivir las laderas de Formigal. 

Cubilillas pasaba largos ratos junto a ellas, disfrutando de su amistad. Cerca de allí, el gran Balaitús observaba con placer a Culibillas, y quiso hacerla su esposa. Pero Culibillas era inocente como una niña, y sus juegos se limitaban a compartir risas y alegrías con las hormigas blancas. Viéndose desdeñado una y otra vez, Balaitús decidió secuestrar a su amada. Conocedoras las hormigas de las intenciones perversas de Balaitús, abandonaron en tropel su segura morada de Formigal para proteger a su amiga. Cubrieron todo su inmenso cuerpo de la diosa y la ocultaron así de la vista de Balaitús, quien abandonó su propósito, no sin antes aplastar en su furia a miles y miles de hormigas blancas. A partir de este momento, la cima de Formigal quedó cubierta de nieve.
Culibillas, en agradecimiento, clavó un puñal en su pecho para cobijar en su interior a las hormigas que sobrevivieron a la ira de Balaitús. A este agujero se le llama aún hoy el Forato de Peña Forata, y está junto a Sallent de Gállego. Dicen que si uno acerca el oído a él, podrá escuchar las rítmicas palpitaciones del generoso corazón de Culibillas.
El mito de Formigal, cuyo nombre proviene de la palabra formiga, hormiga en aragonés, probablemente trata de dar una explicación legendaria a la aparición de la nieve, un manto formado por miríadas de hormigas blancas.

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