martes, 26 de mayo de 2015

LIBROS Y BRONCES ANTIGUOS


 
Cierto letrado necesitaba dinero. Juntó todos los libros que tenía en su casa –varios centenares de volúmenes– y partió para venderlos en la capital. En el camino se encontró con otro letrado, quien, después de mirar la lista de los libros, deseó vivamente poseerlos. Pero él era pobre y no tenía con qué pagarlos; entonces llevó al otro a su casa para mostrarle los bronces antiguos que se disponía a cambiar por arroz. El dueño de los libros era un gran aficionado a los bronces antiguos y la colección le gustó enormemente.
         - No los venda – le dijo a su nuevo amigo –, vamos a hacer un cambio.
         Y trocó todos sus libros por varias decenas de bronces.
         La mujer del primero se extrañó al verlo regresar tan pronto. Echó una mirada a lo que traía: eran dos o tres sacos llenos hasta el borde, en los cuales se entrechocaban los objetos con ruido metálico. Al saber toda la historia, empezó a gritar:
         - ¡Qué estupidez! ¿Cómo podremos comer con estos bronces?
         Él contestó:
         - ¡Bueno!, ¿y crees que mis libros le darán arroz a él?

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