lunes, 22 de agosto de 2016

EL DISPARO DEL ARQUERO.

Zen en el arte del tiro con arco | Alvaro Merino
Cuando un arquero dispara
simplemente por deporte,
aplica toda su destreza.
Cuando apunta hacia un premio
de oro,
queda ciego,
pierde la razón,
ve dos blancos.
Su habilidad no cambió,
pero sí el premio.
Se preocupa más por vencer
que por tirar.
Y la necesidad de ganar
lo vació de poder.
La ambición
quita poder.

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